Dos fotógrafos, Manel Esclusa (Barcelona, 1952) y Marcelo Brodsky (Buenos Aires, 1954) han desarrollado a lo largo de varios meses una peculiar correspondencia, basada en el intercambio de imágenes. Un diálogo trenzado con una gramática compartida, que prescinde voluntariamente de las palabras y se concentra en las propiedades de la fotografía para estimular la mente del espectador, del mismo modo que lo puede hacer la música.